Resulta evidente, en la situación actual, los problemas que están ocasionando determinados activos bancarios, conocidos como tóxicos, en los balances de sus entidades. Para aliviar, cuando no eliminar, la indicada problemática se ingenian soluciones como las valoraciones ad hoc (ver entrada relacionada aquí) y el traspaso de los referidos activos fuera del balance.
Una de estas ingeniosas soluciones la ha puesto en marcha el grupo de las cajas de ahorros, bajo el paraguas de Ahorro Corporación Servicios Inmobiliarios (ACSI) que asesora, gestionará y comercializará los bienes inmuebles de las 42 cajas accionistas de Ahorro, más Caixa Girona.
ACSI está creando sociedades vehículo que empezará a constituir en los próximos días, los vehículos se dividirán según los tipos de activos: suelos, viviendas sin terminar y vivienda finalizadas en stock. Cada caja intercambiará activos por participaciones del vehículo. Hasta ahora, las cajas han aportado activos por alrededor de 3.200 millones de euros.
Para las cajas, la gran ventaja de traspasar sus inmuebles a otra sociedad es que la depreciación de esos activos no aflorarán pérdidas en sus cuentas de resultados, concesión que los directivos de ASCI afirman que han obtenido del Banco de España.
La última, que hemos conocido, proviene del prestigioso
IESE, en su publicación Coyuntura Económica, que en línea de lo que ya calificara el
Sr.
Almunia, Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la
UE, como banco malo cuando señalaba que:
La idea de sacar de los balances de las entidades financieras activos para que los gestione una entidad y los ponga en valor sin perjudicar por ello la confianza entre los bancos y quienes actúan en los mercados financieros todos los días, es una solución que tuvo muy buenos resultados en anteriores crisis financieras, como en Suecia.
En la publicación del IESE se describe el ’banco malo’ como una institución que adquiere en nombre del Estado activos malos pagándolos con dinero bueno (o deuda pública negociable) y gestionando su venta posterior.
De este modo, se marcaría un precio para la valoración de cada hipoteca española que permitiría cuantificar las pérdidas en que deberían incurrir las entidades.
Por tanto, el problema de la valoración de los activos es el principal escollo de este modelo, según el informe, que evita pronunciarse sobre qué activos hipotecarios deberían ser adquiridos por esta institución, pese al consenso del sector de que el crédito al promotor es el principal activo tóxico de bancos y cajas españoles.
La función del banco malo no tiene por qué responder a la de un banco, pues su misión “no es prestar ni captar dinero”, sino que se trata de una institución que “gestiona un patrimonio público”, como sucedió, tal como recuerda el informe, en la década de los ochenta con el INI y el Patrimonio del Estado, que gestionó la venta de los activos de Rumasa.
El informe sugiere que, pese a tratarse de una cifra “colosal”, una parte “importante” de los 100.000 millones desembolsados podría financiarse con emisiones de deuda pública “porque la posición deudora resultante no sería alarmante” dado el relativamente bajo déficit público español.
También se considera que esta cantidad podría ser recuperada en buena parte por el Estado mediante la venta de los activos inmobiliarios en circunstancias más favorables a las actuales, pues “el Estado tiene un tiempo del que las entidades privadas no disponen”.
Desde el IESE se aboga por crear este “banco malo” lo antes posible y en este sentido cita al ex vicepresidente de la Reserva Federal Alan Blinder, quien aseguró que “ya que todo indica que vamos a crear un ‘banco malo’ tarde o temprano, ¿no sería mejor crearlo pronto?”.
Desde esta escuela de negocios se apunta que limitar las dimensiones de las entidades financieras podría resultar una de las medidas reguladoras que más estabilizaría el sistema, si bien señalan que se trata de un planteamiento teórico cuyas posibilidades de aplicación califica de “mínimas”.
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